José Antonio Del Rey "Jaro"

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MIRAR UN CUADRO: JOSE ANTONIO DEL REY”JARO”
OBRA: BOSQUE OTOÑAL

Hoy viene a este Taller, el más profesional de los artistas que por aquí han pasado: José Antonio del Rey, “Jaro”, vive de y para la pintura. Y no solo de la práctica de la misma, sino de sus aledaños técnicos y comerciales, como enmarcado y estampador.

Pero antes de llegar a ello, José Antonio recorrió un largo camino, que se inicia en los comienzos de los cincuenta del pasado siglo, en la granadina ciudad Obispal de Guadix, por cuyo hueco terrestre se asomo a la vida. Como todos nosotros comenzó siendo un niño, y los recuerdos de aquella etapa los tiene vinculados al colegio de primera enseñanza. También, como a todos nosotros, lo que más le atraía de los libros eran las ilustraciones. Y como niño espabilado e imaginativo, comenzó a dibujar lo que veía y lo que no veía, añadiéndoles cosas de su propia y original cosecha. También le atraía el modelado en tiza blanca, de la que se usaba para escribir en la pizarra. Pero todas esas actividades artísticas incipientes, iban en detrimento de sus tareas escolares y en incremento de los palmetazos que los maestros de entonces le aplicaban a sus alumnos insumisos, y de los bofetones y cachetes de sus allegados, que le calentaban el rostro y las posaderas, por aquello de que “la letra con sangre entra”, filosofía de la vida que no se si era buena o mala, pero si efectiva.

Y así fue madurando en edad y sabiduría de la vida, y aunque, maestros y familiares, intentaron cortar de raíz tan nefastas inclinaciones artísticas, a fin de hacerlo “un hombre de provecho”, no lo consiguieron, como luego veremos.

Tras abandonar Guadix por razones del trabajo de su padre, llega con diez años a Molina de Segura y luego a Murcia, donde inicia sus estudios de Bachillerato, que logro acabar en Alicante, donde llego en el sesenta y cinco con trece años de edad.

Y como no habían extirpado por completo su oculta vocación por el dibujo, se hace delineante, como escusa “de provecho” para seguir haciéndolo y ampliar sus inquietudes para el dominio de la perspectiva, que era de lo que se trataba. “Y como todo es bueno para el convento”, decía el fraile, “y llevaba una furcia al hombro”, nuestro avispado e inquieto artista, comienza a pintar por su cuenta ya que un profesor de dibujo del Instituto Femenino, (pintor de renombre) intento enseñarle… pero no precisamente dibujo. Luego y en un ínterin y siempre por lo del “provecho”, durante una corta temporada hace Formación Profesional en Alcalá de Henares. Regresa a Alicante con la firme decisión de hacerse pintor, y empieza una etapa de bohemio parisino, trasplantado a La Explanada alicantina, donde instala su estudio-chiringuito para hacer caricaturas y retratos al carboncillo, a madrileños y turistas. Pero aquello no duro mucho, porque nuevamente y a la búsqueda de “algo provechoso”, se hace transportista-camionero. Oficio duro y que además no le dejaba tiempo para pintar.
Por lo que pronto deja el camión y se lanza a la aventura artística y comercial, en un primer establecimiento en la calle Jaime Segarra, donde enmarca, pinta y enseña a unos cuantos alumnos. Por fin su vocación se reafirmaba y se convertía “en algo de provecho”, que desde entonces y hasta hoy, le da de comer. Al día de hoy, en su prestigioso establecimiento de venta y enmarcado de cuadros y laminas y de todo lo relacionado con el mundo de la decoración artística, de la calle Músico Pau Casal nº 5, en el que lucen como atractivo reclamo en el escaparate, los cuadros por el pintados. Allí encontraremos a “Jaro”, a ratos ejerciendo de pintor ante el caballete, o atendiendo a los clientes como experto comerciante. Dualidad de una personalidad, que pudo frustrarse con recriminaciones y cachetes, cuando intentaron y no consiguieron torcer su vocación natural por el dibujo y la pintura.

Como ya dije, “Jaro” es un autentico profesional de la pintura, en la línea de ciertos pintores de la actual Escuela Alcoyana. El no se prodiga en concursos ni concurre a exponer con frecuencia. No le interesa. El está atado “al duro banco” de su establecimiento, enmarcando y pintando lo que buenamente piensa se puede vender y recibiendo peticiones de cuadros a la medida de los deseos del comprador. Haciendo retratos del niño de primera Comunión; de la bellea infantil en traje de alicantina, o de las fotos sepia del abuelito o del esposo muerto hace cincuenta años. Y también deseando que llegue el sábado noche, para largarse a la costa y pasarla tirando una y otra vez el anzuelo a ver si pican. Salir de la rutina. De la obligación profesional. Cualquiera de nosotros diría, que así no se puede hacer Arte. Que así solo se pueden hacer churros a un par de euros la docena. Y sin embargo, “Jaro”, es un artista en el amplio sentido de la palabra. Domina el dibujo, que dicho sea de paso se aprende con la práctica, con las dotes con las que vino al Mundo y la experiencia de cincuenta años practicándolo. Pero cuando pinta al oleo, lo oculta con una rara habilidad técnica que asombra, especialmente cuando utiliza mas la espátula que el pincel. Degrada con la línea en las plumillas, con tanta exquisitez que parecen manchas. Y cuando en los bodegones sigue las sutiles líneas de las frutas y verduras, su maestría es difícil de igualar.

Con ese dominio del dibujo,”Jaro” se atreve y resuelve todos los temas, que en la realización de un cuadro se le presenten: retratos, figuras, bodegones y naturalezas muertas, paisajes y marinas, son alguno de los temas que toca en sus cuadros.

Para ello echa mano de la acuarela, el pastel y el oleo, como técnica de realización. Pero es con el oleo, modalidad que mas practica en la actualidad, la técnica con la que mejor se expresa.

Utiliza el color, con soltura y valentía y juega con las texturas, dosificando la pasta de forma acertada y adecuada para lograr el efecto deseado. Con el oleo utiliza una paleta de tonos medios, pero es con su maestría en el manejo de los complementarios, con lo que logra esa luminosidad que es característica principal de sus cuadros: rojos con verdes; amarillos con violetas; y azules con naranjas, luchan entre sí, pero sabiamente dosificados en extensión, se realzan los unos a los otros. De esto sabia bastante nuestro Sorolla y también nuestro “Jaro”.

La técnica de “Jaro” en el paisaje fluctúa entre el impresionismo de Monet, especialmente en los reflejos del agua y los toque suelto y vibrantes, y el pos-impresionismo de de Cezanne en cuanto a las amplia manchas de color.
Sin embargo, cuando de bodegones se trata, “Jaro”, cambia de registro y se hace casi hiperrealista, en la línea de los clásicos españoles del genero y de algún alicantino como Parrilla o Gálvez. Sus granadas, en nada tienen que envidiar a las que pintaba el maestro de Jacarilla.

Los cacharros y trebejos de todo tipo y condición, que utiliza en sus naturalezas muertas, trasciende de lo pintado, para adquirir una realidad casi palpable.

Si después de todo, seguimos diciendo que “Jaro” es un profesional de la pintura, tendremos razón en la forma en que ejerce su profesionalidad, pero en el fondo veremos, que el fuego sagrado de su pasión por el dibujo y la pintura, que contra viento y marea mantuvo vivo durante su niñez y juventud, tiene tanto rescoldo, que a “Jaro” le basta con avivarlo cada día con su soplo, para lograr trasladarlo a sus cuadros. Podrá estar de vuelta de todo en pintura, pero cuando coge la paleta, el pincel o la espátula, además de ganarse la vida con su vocación, que hace tiempo convirtió, por fin”, “en algo de provecho”, se trasforma, a su pesar, en el niño que pese a los castigos, siempre estaba deseando pintar.

Ese niño es hoy, nuestro amigo “Jaro” con su carácter inquieto y vivaz. Pequeño en estatura física y grande en estatura humana, en la que se ha doctorado por la universidad de la vida, y ha tenido la suerte (porque eso se nota) de encontrar en Conchi, su mujer, la dulce e inteligente compañera que además de darle dos hijos, le ha apoyado siempre en su aventura para hacer del Arte “algo de provecho”.

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